A partir de ahora el 22 de agosto será una fecha que toda la ciudad de Añatuya recordará, dada la partida a una mejor vida, del joven músico y bailarín Franco Edgardo Mansilla, justamente el día del folclorista; vaya paradoja de la vida.
Franco con tan solo 23 años fue y será un ejemplo para todos los jóvenes de esta ciudad, hijo de Raúl Orlando Mansilla, un empleado municipal y de Norma Noemí Santillán una docente del medio, familia muy bien estructurada, con principios morales muy bien arraigados, estudiante ejemplar, gran bailarín, excelente músico y mejor persona. El hijo o el hermano perfecto, además extraordinario padre pese a su juventud, brillante por donde se lo mire.
Transcurrió gran parte de su vida en la casa familiar del populoso Barrio Rivadavia de esta ciudad, aunque andariego como se lo conoció no habrá dejado barrio alguno por conocer. De niño asistió al jardín de infantes del Colegio Florentino Ameghino y luego recabo en la humilde Escuela 8 de Julio del Barrio La Leñera, donde realizo sus estudios primarios y fue abanderado, justamente aquí su querida madre ejerce la docencia. Ya adolescente curso sus estudios secundarios en el Colegio San Alfonso de Ligorio, nuevamente aquí fue abanderado. Luego en el año 2005 inicio el Profesorado en la Carrera de Historia y Ciencias Sociales, donde también fue abanderado y se encontraba próximo a recibirse. También estudio danzas en el Instituto de Folclore “Luis Alberto Ruiz” y fue un eximio bailarín, galardonado en numerosas oportunidades.
Franco sembró su semilla de la humildad, la bondad y la generosidad en los ámbitos y lugares donde se movió, por donde paso dejo su huella, cosecho amistades por doquier y quienes lo conocieron lo admiraron por su agradable sencillez. Siempre predispuesto a colaborar o ayudar a quienes lo necesitaban.
Fue un excelente músico, integro diferente agrupaciones y últimamente fue parte del Grupo Costumbre junto a Gustavo Farías, Alejandro Castaño y Abel Gonzales, con quienes habían editado un disco que estaba cercano a ser difundido.
Un innecesario accidente anticipo su partida, pero en medio del dolor y el sufrimiento se pudo apreciar que Franco Mansilla no fue uno más que desanduvo la vida sin dejar nada. Este joven movilizo a muchos y la solidaridad de la gente de todos los ámbitos, ya sea cultural, social, político o deportivo se hizo notar todo el tiempo, prueba de eso fue el gran acompañamiento que hubo para con su familia durante este difícil trance. Sus restos fueron despedidos por una enorme multitud de personas que le rindieron todo tipo de homenajes. Aunque pocos puedan creer tan terrible desenlace.
Franco será y debe ser inmortalizado como alguien que camino la vida de una manera ejemplar, con alegría, con entusiasmo, lleno de proyectos, de ideas de superación, de optimismo y pese a su juventud dejo su estampa, algo poco común pero de un gran valor. Debemos todos recordarlo con alegría y en cada baile, en cada melodía sentir su presencia; mirar la cara de un niño, de un joven, de un viejo y saber que Franco es cada uno de ellos. Porque desde allá en la eternidad, en lo infinito del cielo nos estará acompañando, será una estrella, el sol, la luna o un cielo gris, pero siempre estará aquí, con nosotros, en nuestra memoria y en el corazón de muchos.
Simplemente ¡Gracias Franco! por hacer de tu vida un espejo donde mirarse y que Dios te tenga en la gloria por siempre…







